TRUFANEGRA.Com

 

                   Diario de Garrapo         (Cap.-11)   

 

Día 19 de Noviembre de 2000

Ya llegaron los primeros fríos y con ellos los primeros hielos. Por las mañanitas hace una "rasca que corta el cutis" aunque cuando sale el sol da gusto andar por los claros del bosque buscando las bellotas que van cayendo todos los días. Nunca había visto el roció o "rosada" como dicen aquí completamente blanco, al salir de la nave es como si nos hubiesen puesto una alfombra. Dura poco pero invita a correr un poco para desentumecer los músculos abrir el apetito.

A los tres machitos ya nos han separado del resto de la piara y nos han llevado a otro cercado próximo al de las madres. Es muy grande, con mucha hierba y arbolado y tiene un cobertizo con paja donde nos refugiamos por las noches. Es un cercado a un nivel mas elevado que el de las madres, a unos cinco metros y desde él las divisamos perfectamente. Nos separa una cerca de malla y una cinta roja muy especial. Nosotros, como somos muy curiosos, lo primero que hicimos al llegar fue acercarnos al vallado, sentimos un fuerte calambre en el hocico. resulta que es una cinta electrificada que llaman "pastoret" y que evita que andemos hociqueando la malla. Hemos prometido no volverla a tocar y nos conformaremos con mirar de vez en cuando el panorama desde lo alto con sumo cuidado de no rozar la cinta. Desde allí intercambiamos mensajes por señas y sonidos con nuestras madres que están hechas unas señoronas gordas. Como están todas preñadas se les notan las tripas mas o menos en función de el tiempo de gestación, pero hay algunas que casi arrastran las tetas. La verdad es que a mi me gustaban mas las jovencitas, y parece ser que nos las reservan para nosotros pero pasará algún tiempo hasta que las trasladen al cercado de madres.

El otro día vi a mi madre Ramona que ya la ha vuelto a cubrir Fernando. Nos hemos conocido al instante y por las mañanas al salir del cobertizo lo primero que hago es acercarme al vallado. Allí esta mama que madruga un poco mas para darme los buenos días y por supuesto, preguntarme como he pasado la noche, y es que las madres son algo único. Mis otros dos compañeros también han descubierto a sus madres y ya tenemos organizado el plan de cada dia : al amanecer salimos al vallado y allí nos esperan nuestras respectivas madres, tras el saludo de rigor empezamos la pitanza, primero bien de hierbas y algunas bellotas y a eso de las nueve llegan los granulillos a razón de 1.5 Kg por barba del mismo pienso que las madres, luego a dormitar un ratillo para a media mañana empezar a disfrutar del movimiento general. Que si suben cerdas a la paridera, que si bajan las destetadas, que si pasean a Fernando para las cubriciones, en fin, lo normal en estos casos. De vez en cuando amanece el hombre de la jeringa con alguna vacuna y no hay mas remedio que aguantar el pinchazo.

Hemos oído comentarios sobre si ya hay algunos cebones que pesan mas de 140 Kg y que les va a llegar su "San Martín". No quiero ni pensarlo pero así es la vida de la mayoría y aunque a nosotros nos tienen reservada una mas placentera, no deja de ser una contradicción de los humanos que te cuiden con esmero durante un año para luego acabar en un mostrador de acero inoxidable. La verdad es que todo ser vivo acaba muriendo para el disfrute del siguiente de la cadena trófica y a nosotros nos queda el consuelo de que alguien disfrutará de nuestras carnes.

Por cierto, no he vuelto a saber nada de mi amigo Garrapocruzón y ya me empieza a oler a cuerno quemado. Tal vez haya perdido el boli: !Pepe Trujillo¡, préstale un recado de escribir al cochino y que se explaye.

A última hora nos han traído un regalito fenomenal, un saquito de bellotas que la familia Nadal-Reimat han escogido con esmero de unas encinas que tienen en su finca de Pomar de Cinca y que como son de regadío son gordas y muy dulces. Esto se anima y promete un buen invierno. Mis mas sinceros agradecimientos y hocicazos a nuestra grandes amigos Carmen y Eugenio por su paciencia. A Eugenio ya le conocí un dia que vino a vernos a la campa. Supongo que la visita era para conocernos a nosotros y no para ver nuestros jamones aunque yo, de todas formas, encogí un poco el trasero para no oírme lo de siempre: que si tienes buenos jamones, que si serán excelentes los chorizos, que mira que lomos, aquellas orejas deben quedar bien con judías, que cuanto peso, cuanto engordo, etc. etc. La verdad sea dicha, a mí esos comentarios no me gustan nada y aunque ya se que los van a seguir haciendo, al menos que los hagan a nuestras espaldas ya que cuando los humanos se pasean por la campa no escuchan eso mismo de nosotros y mira que lo tenemos fácil.

Antes de que se me olvide os comento que en la página Nuestros Cerdos hay datos interesantes de rendimientos productivos, así que ir por allí y dejaros de cuentos.