Diario de Garrapo (Cap-27)
Dia 1 de Octubre de 2001
-Bueno, compañeros, hoy os veo aplatanados y creo que es el momento de contaros un cuento, Me lo contó una señora de Puerto Rico, escritora ella, que vivió muchos años en Nueva York y que era tan trabajadora y activa que murió a los ciento un años frente a la máquina de escribir. Se llamaba Amelia Agostini y era una gran mujer, divertida y culta como ella sola y dicharachera como nadie. Así que apalancaros a la sombra que voy a empezar.
No se por qué aparecieron Zorra y Urraca. Cada una a su manera se fueron acercando, Urraca con sus saltitos nerviosos tomo posición sobre la tapia del cobertizo y Zorra, con el rabo estirado y como a hurtadillas se aposentó cerca de la comedera.
-Pues bien, estimado público, se trata de una familia campesina que vivía
en su granjita de la poca tierra que tenían y de una docena de cerdas de cría
que les proporcionaban unos cuantos cerdos que engordaban y de los que obtenían
beneficios para cubrir sus necesidades y para darse algún que otro gustillo.
Así pasaban la vida, uno araba la tierra y la otra daba de comer a los
chanchos. Eso día tras día, año tras año, bueno ya sabéis como son estas
cosas.
-Al grano, Garrapo, que te enrollas más que una persiana. -Dijo Zorra que se impacientaba enseguida.
-Un buen día, -continué -el marido fue a la cochiquera para recrearse en sus cerditos y ver como estaban de crecidos con vistas al próximo mercado, cuando un escalofrió corrió por su cuerpo. Faltaban más de la mitad. Salió corriendo para ver si había huellas de patas en la tierra mojada de los alrededores pero tan solo unas roderas de coche presagiaban lo peor. Les habían robado los cerdos y no se habían enterado de nada. Cabizbajo se acercó a la vivienda y dio la noticia a su mujer. Esta empezó a llorar y los dos juntos montaron en la bicicleta y se fueron al pueblo a dar parte al cuartelillo de la guardia municipal.
Los guardias no creían la historia. No era posible que se les llevasen casi cincuenta cerdos sin que oyesen nada y sobre todo sabiendo lo chillones que son los lechones cuando se los intenta coger. Llegaron a sospechar que se trataba de alguna artimaña para cobrar algún seguro o para que les diesen alguna ayudilla para pasar la mala temporada que se les venía encima. No les hicieron mucho caso y con la susodicha frasecilla de que ya investigaremos el caso, todo quedo en agua de borrajas. La pareja de campesinos regresó a la vivienda, vendieron los cerdos que quedaban y ella se puso a hacer faenas de limpieza para el vecindario y el se colocó de peón en una obra del pueblo. Con sus míseros sueldos no podían rehacer la granja y dieron por terminada su profesión de campesinos.
Un buen dia, llegó una gran empresa a construir una obra y Ramón, que así se llamaba el desgraciado, cambió de tajo. Tenía algo más de sueldo y posibilidades de relacionarse con gente forastera ya que la obra requería mucho personal. Allí se juntaban gentes de toda condición y pelaje y a la hora del almuerzo se reunían en un barracón a contar historias, hazañas y bravatas a cual mas increíble y el bueno de Ramón iba picoteando aquí y allá conociendo al peonaje más variopinto. Entabló cierta relación con dos individuos que tras varios días de compartir garrafa le hicieron una interesante propuesta.
-Mira, Ramón, -le dijeron. -Nos has caído bien y como esta obra se está acabando podemos hacer buenos planes para el futuro, dejaremos la paleta y nos dedicaremos a algo mas rentable que nos procure una buena jubilación.
El tal Ramón, que tenía un futuro más negro que la boca de un túnel,
que aun estaba pagando pienso de sus cerdos robados y que no podía aspirar a
más que a malvender su pequeña hacienda, vio el cielo abierto.
-Contadme vuestro proyecto y si puedo me apunto. tengo muchas necesidades y con lo que se gana por aquí no voy a salir nunca de este pozo.
-Veo que eres inteligente. Has analizado tu situación y has llegado a la conclusión certera de que es el momento de cambiar de oficio. Ten en cuenta que este tren solo pasa una vez y debes cogerlo. -Le dijo uno de ellos, -Nuestro proyecto requiere de la colaboración de tres personas ya que dos son pocos para la buena marcha y el asunto hay que hacerlo bien y con habilidad.
Ramón, estaba ansioso de saber el contenido del proyecto, pero los colegas no soltaron prenda hasta que terminó la obra. Ese día, para festejarlo, el patrón organizó una gran merienda. Allí acudió Ramón y se sentó junto a sus futuros socios a la espera de recibir las ansiadas explicaciones. Su desesperanza era tal que no le importaba meterse en cualquier cosa. Al fin y al cabo, por una vez...
-Ramón, nuestro futuro empieza hoy. Tenemos una furgoneta, en esta región hay muchas granjas apartadas del pueblo con muchos cerditos que nos están esperando, solo tenemos que ir allí, cogerlos y llevarlos a un matadero conocido. Allí nos darán la plata, nos la repartimos y a vivir que son dos días.
El pobre Ramón sintió un estremecimiento que le hizo enrojecer. Su
pasado se le convirtió en presente y se quedó mudo, no podía articular
palabra y el corazón parecía salírsele del cuerpo. Intento calmarse, bebió
un trago de vino y se rascó la cabeza.
-¡Caray con Ramón !, parece que te hemos propuesto el asalto al Banco Central. Si solo se trata de unos cuantos cochinillos, sin ningún riesgo y si no quieres seguir, una vez cobrados, te largas con lo tuyo. Nadie sospechará de ti ya que no tienes ni furgoneta.
Ramón hizo un esfuerzo en tragar saliva y les pregunto a bote pronto: -Eso es un trabajo muy arriesgado ya que he oído decir que son animales muy nerviosos y gruñones y cuando se los intenta agarrar chillan muchísimo. Pueden despertar al dueño y la hemos liado.
-Ni hablar de gruñidos, -dijeron a la vez. - Tenemos alguna experiencia en estas cosas y sabemos lo que hay que hacer. La ultima vez entramos en una granja cercana a este pueblo y nos llevamos una cincuentena de chanchos en menos de media hora, y eso que éramos solo dos. Mira, la cosa es sencilla: enculamos la furgoneta en la puerta de la granja, tu vigilas y en caso de peligro avisas y nos largamos. Si no hay nadie, nosotros vamos cogiendo cerdos y a la furgoneta.
-Pero el escándalo que se va a organizar va a despertar a todo el mundo de los alrededores, - les dijo Ramón, que empezaba a impacientarse y a debatirse entre dar rienda suelta a su rabia contenida o esperar a tener la certeza de que eran ellos los causantes de su desgracia.
-Ya te hemos dicho que nada de gruñidos ni de chillidos, cuando nosotros agarramos al cerdo, le metemos inmediatamente un dedo en el culo y calla como un santo.
Para no despertar sospechas, Ramón quedo en verse con ellos y concretar
la operación al dia siguiente. Al anochecer pondrían en marcha el plan.
Al terminar la merienda se despidió hasta el día siguiente y montó en su bicicleta. paró en el cuartelillo y explicó con pelos y señales la propuesta de los ladrones. A la mañana siguiente quien apareció a la cita fueron los municipales que detuvieron a los sospechosos los cuales, tras un "hábil" interrogatorio confesaron sus fechorías. Con su declaración se pudo recuperar el importe de los chanchos, Ramón rehizo la granja y la feliz pareja regresó a sus tareas campesinas, y colorín colorado este cuento se ha acabado.
Hasta la desconfiada Zorra me dedicó una calurosa ovación.
-Me alegro de que os haya gustado, solo quiero deciros una cosa, y es que no intentéis comprobar el funcionamiento de tan humillante método.