Diario de Garrapo                   (Cap-32)

Día 27 de Abril de 2002

 

Por fin nos fuimos de feria. nueve cochinas y un servidor, nos metimos en un transporte y tras dos horitas de viaje llegamos a Zaragoza. ¡Qué jaleo!, todo eran camiones, camionetas y remolques con vacas, ovejas, cabras y cerdos, y hasta conejos y codornices. A la entrada, inspección veterinaria de la documentación. Ningún vado de desinfección de vehículos, pediluvio, o algo parecido. Un poco sorprendente si se tiene en cuenta que se están viviendo tiempos graves en el porcino de la vecina Cataluña y que una feria es un lugar muy transitado. En fin, si la autoridad lo dispone así, no nos queda más remedio que aguantar y confiar en la buena suerte. No hubiesen estado de más unas alfombrillas impregnadas en desinfectante como hay en otras ferias ganaderas.

Allí nos metieron en unos corrales preparados para el evento, eso sí, con mucha paja, con una tolva muy bonita pero sin agua, esta era suministrada por manguera desde una toma en la nave. A nosotros nos da lo mismo ya que estamos acostumbrados a comer en el suelo y con tener la artesa llena de agua teníamos suficiente.

Los cuatro días de estancia en la FIMA GANADERA, que así se llama, son pesados, hay mucho jaleo, un gran trasiego de personas, algunas eran del sector, ganaderos interesados en nosotros o curiosos entendidos, pero otros eran profanos de los que nunca han visto un cochino ibérico al natural, de los que al vernos se extrañaban de nuestro color, de la falta de pelo, de nuestro tamaño, de todas formas creo que fuimos uno de los estands mas visitados.

Se oía de todo, desde el que decía que éramos un cruce de cerdo y jabalí, hasta de los que preguntaban si éramos auténticos "jabugos de bellota". Había un verdadero interés en la matanza domiciliaria, y un propio le preguntó a nuestro dueño que qué hacia con las cerdas de "desguace". Alguien dijo que estábamos tan limpios porque nos habían afeitado el pelo para la feria. Parece ser que no sabían que éramos lampiños.

Un listillo dijo que si no comíamos bellota no éramos ibéricos.

El toqueteo era constante. Hay que averiguar la grasa que llevamos y así compararnos con unos "pietren" deformes que había por allí cerca.

En fin, experiencia interesante por la cantidad de conocimientos que hemos hecho, pero muy pesado por el ruido y trasiego de personal. El regreso a casa lo hicimos con el mismo transporte y ahora estamos guardando cuarentena para asegurarnos de que no nos han contagiado ninguna cosa rara.