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Diario de Garrapo                       (Cap-7)  

Día 15 de Septiembre de 2000

Hemos vuelto a tener novedades, y estas han sido importantes. En primer lugar os diré que nos han cambiado de sitio y nos han llevado a una gran parcela de monte de unas 10 hectáreas de bosque muy poblado de encinas, con  algunos robles, pinos, enebros, romeros y demás matojos.

La parcela tiene en un extremo una antigua nave de engorde de cerdos blancos que han adaptado para nosotros de forma que podemos entrar y salir cuando queremos. Hay unas tolvas donde nos ponen el pienso y unos bebederos como los que ya teníamos antes, así que cuando queremos comer pienso no tenemos mas que darle a la lengüeta de la tolva y caen unos granulillos y si tenemos sed ya sabemos donde está el agua. El primer día anduvimos un poco despistados pero pronto empezamos a descubir los puntos de agua y los de pienso. La verdad es que nos gusta mas el pasto natural que el pienso y de paso hacemos mucho ejercicio que nos viene muy bien para la musculatura. Las bellotas están todavía verdes, pero hay mucha cantidad, así que se avecina un invierno rico en ese manjar. Toda la parcela está vallada con tela metálica para que no vengan agentes extraños del exterior. Yo ya me he recorrido mas de la mitad del perímetro y es una sensación maravillosa, en nada comparable a la corraleta de cemento. Aquí cada uno hace lo que quiere aunque lo mas divertido es ir en grupos de diez o doce comentando el panorama.

A "Oreja-Rota" no lo he visto todavía, creo que anda rodeado de sus aduladores por otras zonas de la parcela y alguien comenta que es el momento de hacer las paces. Ya veremos si se presenta la ocasión o es que hay que provocar un encuentro bajo alguna encina para discutir las diferencias. Los últimos días en la corraleta fueron muy tensos y hay demasiadas heridas que restañar, por lo que mejor será dejar pasar una temporada para que las tensiones se apacigüen y estemos en mejor disposición.

En medio de la parcela hay un gran montón de arena de la que emplean en construcción y allí vamos de vez en cuando a revolcarnos, lo llamamos "la playa" y aunque de momento le falta el mar ya hemos oído decir que nos van a hacer una charca con agua para que nos demos algunos baños. Lo de la playa ha sido fruto de la casualidad ya que en principio querían recuperar la arena, pero al estar algo mezclada con tierra, piedras y matojos han preferido dejarla en el sitio y nosotros la hemos extendido de manera que hincando el morro en el montón hacemos una especie de gran surco y allí nos quedamos tripa abajo disfrutando del frescor.

He descubierto un montón de sabores nuevos, el amargo del romero, los indescriptibles matices de las hierbas, las raíces, la corteza de los pinos, la hoja de encina y de roble y sobre todo, lo que mas me gusta son los brotes jóvenes de zarza que aunque pinchan un poquillo, si andas con cuidado te puedes dar un festín, y ya no digamos del tomillo o de la sálvia.

Este verano está siendo muy seco y caluroso así que pasamos casi todo el día entre las encinas y al atardecer nos vamos a comer algunos granulillos. Por la mañana , al salir el sol, nos vamos a "la playa" ya que la arena está fresca de la noche y a eso del medio día a sestear por alguna sombra.